[a] Hay quienes al comprender las reglas del juego no adquieren la capacidad de ganar, sino el simple conocimiento de lo inevitable de su derrota. Quienes desconocen las reglas les dicen que hay que mantener siempre la esperanza. Hay que seguir intentándolo. Eso es la vida. La libertad que los primeros ganan dejando el juego es vista por los segundos como un atentado contra la vida. Esa situación paradójica supone que el abandono de los primeros simboliza el fracaso que los segundos no quieren ver en sí mismos. Es una mezcla de triunfo y fracaso, tan contradictoria e incomprensible que parece una degeneración, una aberración subhumana. Por eso hay una renuncia secreta, clandestina, que algunos seres guardan dentro de sí como un tesoro. Una renuncia radical que solo emerge cuando encajan las contraseñas privadas que únicamente conocen los iniciados en el fracaso. Cuando eso ocurre hay rituales profundos, comuniones que rescatan lo más potente de la vida.