[a] Me senté frente a la fachada de la catedral de Siena de noche.

[b] Tenemos que heredar cierta visión que se alza por encima de la costumbre. Algo que se proyecta con la misma profundidad hacia el pasado y hacia el futuro. Ahí tenemos que encontrar el espesor del presente. Invadidos por la intensidad del presente no somos nada. El presente no existe, es un punto crítico entre dos profundidades tan inexistentes como turbulentas y caóticas.

[c] Nada nos garantiza el mundo de la vida. Dar la vida por supuesta es el peor de los errores filosóficos.