[a] Una obra es siempre el resultado de cierto automatismo entre dos o más polos existenciales inapresables, inexpresables. Como es completamente imposible conocer esos extremos, la acción que surge de su ‘fuerza’ es algo a lo que meramente podemos sentirnos sometidos. Es imposible controlar lo que se crea como producto de la tensión entre ellos. Pero es posible realizar un trabajo de filtrado: uno debe intentar siempre apresar o expresar algo, debe aspirar a que la obra exprese la esencia oculta de la acción simultánea de todas las fuerzas concurrentes, no la identidad solitaria de las mismas. Y se debe asumir que si se logra algo se deberá considerar tal logro como un residuo, como la prueba de un fallo, como la demostración de que el trabajo previo se realizó sobre un terreno equivocado. La exclusión de las síntesis temporales es lo que nos permite intuir la posibilidad de una síntesis eterna, de una comunión perfecta de esos primeros principios que hacen de la vida un extraño automatismo. La negación de la obra es lo que desnuda esos principios o polos originarios, cuando la negación toca a todos por igual es cuando podemos hablar de una síntesis eterna. Ese sería el primer paso en el terreno de la libertad. Y la libertad es el primer paso en el camino de la salvación.