Hay algo que ha nacido más allá del fuego. En esa región que ocupan las lentas maceraciones del tiempo. El tiempo surge donde nada se teme. El temor es una espera, un tiempo que no llega, ese lugar perdido en el que la verdad del cuerpo solo es una fiebre, como una antigua infección, cada segundo es una filtración. En cada momento de la vida se profana un secreto.

En la ausencia de hechos es cuando todo lo que es uno crece por igual. No hay cuerpo, porque el cuerpo es el resultado de una vagancia, de un retraso, de un desajuste. Es una demora.

La vida surge como una pequeña corriente dentro de una gran río. Es un río dentro de otro río. Un tiempo dentro de otro tiempo. Cualquier decisión que uno tome se resume en dos: diferenciarse o fundirse en el todo. No hay manera de diferenciarse que no invoque la imagen del río, no hay manera de fundirse en el río que no sea un recuerdo de esa pequeña corriente.