
He dejado que el silencio lo apague todo,
aquel incendio con brazos eran recuerdos
que se confundían con la pradera. Las voces
se quedaban cortas la mitad del tiempo, siempre
como algo no dicho. He dejado que el silencio
termine todo. Crece como el árbol, como la espiga
y aquí la paz se celebra al fin cada día.
Esto no es tierra, esto no es hierba.
Mis pasos se disuelven entre la muerte
y las semillas. Esto no es polvo, no es ya
la materia desgastada del imperio de fuerzas
que dividió la nada. Las veces que ocurrió
son suficientes. De esto es lo que se habla
cuando se habla de muerte.
Y comprendo las razones que condenan
tal forma de sentir. No son las emociones
sino los hechos. No hay que dar importancia
a las pérdidas. ¿Qué es lo que hay que ganar
en este mundo?