Se desatarán los músculos,
flotarán como plumas o como
hojas secas y se mantendrán
suspendidos sobre grandes
catedrales de aire. Se perderán
las palabras y el pensamiento mudo
será por fin más real que la materia y más
transparente que la voz. Solo unas palabras de oro
quedarán para romper los bordes más sólidos
de la existencia. Lo vemos. Ya brota
la luz cambiada por el mundo,
luz de todas las cosas. Podremos
librar al corazón de nuestros actos
y agradecer la fuerza de ver la vida en todo,
pero unos dicen: si ves la vida en todo
cruzarás. Y otros: si aún ves la vida en todo
regresarás. Pararemos. Equivaldremos a piedras,
las palabras nos distanciaron. Pero también
se arrodillan las grandes cordilleras, se derriten
los viejos glaciares y se condensan los grandes mares
formando una hiel gelatinosa. Saldrán de las ciudades
y no encontrarán casa en ningún lado. Hablarán
de sus padres a los hijos y de los hijos a los padres
como cruzando, una y otra vez sin que nadie
lo perciba, como equilibristas, la vida sobre el alambre
del no ser. Una suerte indefinida les hizo pensar que ganaban
y ahora se aferran al consuelo común de existir. Pues las familias
siguieron todas sin saberlo el camino de la destrucción.