El primer fracaso del ser humano tiene que ver con la incapacidad de llegar al lugar en el que es capaz de vivir con su más resuelta integridad. El segundo fracaso del ser humano tiene que ver con la incapacidad de constituirse en un lugar en el que alguien se sienta capaz de desplegar su más íntima integridad. En realidad no es posible hablar con propiedad de primero y segundo, ni teniendo en cuenta el tiempo ni la importancia. En realidad son dos manifestaciones diferentes del mismo fracaso.

No somos nada más que lo que el otro puede decir frente a nosotros.

Frente al fracaso natural de toda existencia tenemos la diversión del éxito. Bernhard encuentra espantoso el fracaso. Le divierte el éxito, aunque el fracaso sea más útil que el éxito. Si ahondamos en la misteriosa utilidad del fracaso vemos que no se trata de una utilidad productiva, sino algo quizás más existencial.