I.

El último hombre
lo poseerá todo. Hasta entonces
siempre habrá una pequeña moneda.
Siempre alguien la guarda. Moneda
que no vale nada, pero lo representa
todo.

II.

Condenaremos a muerte a quienes vean
el automatismo y la inercia
en la espontaneidad cotidiana
o en el fervor de las masas.

III.

En los campos de máquinas
ver lo sagrado en las cosas
no es posible sin mirar
a través del cristal de la muerte.

En el paraíso
ver lo sagrado en las cosas
no es posible sin mirar
a través del corazón de la gente.

IV.

Tendré raíces negras
porque cada nueva palabra no será más
que lo que no supe expresar de otra manera.

Cerraré los ojos porque cuando veo
no recuerdo nada de lo que vi.

Mi respiración ya es la columna de fuego
de lo que quedará pendiente el día de mi muerte.

V.

Los seres débiles son los que construyen el mundo
que sufren.

Igual que hay cosas que solo se ven sin microscopio, hay
palabras que solo se entienden en silencio y soledad.

Hay mundos que solo se viven
en la pobreza de la experiencia.

VI.

Nadie debe vivir ninguna forma de amor
que haya sido prevista de antemano.

Nadie debe vivir en ningún jardín
expresado.

VII.

El poder son los juguetes
de un futuro sin nostalgia.

VIII.

En sus ojos deseantes vimos
lo inhóspita que era
su comunidad y su tierra.

IX.

Las cosas que dije
con una mezcla de miedo y esperanza
sonaron
como reproches.

X.

A ese pantano profundo y quieto
tus pies se acercan pisando
una alfombra de grillos.

XI.

Cada imagen
es una estatua de sal.

XII.

Nadie debe expresar lo que la totalidad de los seres
puede vivir.

XIII.

Vivimos junto a un río cuyo nombre
desconocemos.

Hemos perdido la cuenta
de nuestras reencarnaciones.

No somos ni cuerpo ni alma
sino un amor que dicta
sus propias normas.