El problema del artistas es encontrar el modo de hacer las cosas bien antes de tener la capacidad de desarrollar un cuerpo de obras. Hoy es fácil hacer ciertas cosas bien, lo difícil es desarrollar un todo orgánico que no se limite a ser un eco de esas resonancias que en otros arrastraban una totalidad de sentido más profunda o compleja. Aprendemos los trucos de los maestros, pero sin entender cómo ciertos detalles unían sus obras al todo. Aprendemos los detalles psicológicos. Acabamos pasando de la vivencia estética al mero formalismo decorativo, ignorando el salto que se produce porque somos incapaces de imaginar la censura que nuestra época ejerce sobre nosotros.

Lograr que todo lo que uno hace exprese o desarrolle una faceta del mundo. O el mundo en su totalidad. Si uno no hace eso se queda todo en una simple anécdota. Yo no valoro las obras en concreto. Si mi juicio valorase las obras individualmente yo estudiaría botánica porque, en tanto que ‘obra’, un árbol cualquiera me parece superior a todas y cada una de las obras de arte. Lo que me interesa de las obras de arte es que reflejan modos de mirar… y para eso no es suficiente que una o dos obras de un artista estén bien, pues eso lo logra cualquiera.