Nada garantiza la vida. El hecho de que el ser humano se encuentre en una región fronteriza implica que posee una consciencia material de la vida, pero no existencial. El sentirse vivo no coincide con ninguna de sus funciones vitales. Tenemos consciencia vital de las funciones de la supervivencia, pero una visión oscura de lo que es la propia vida. Así se nos presentan varias direcciones, no siempre compatibles: la primera es la de las cosas que sostienen y fortalecen la vida biológica, la segunda la del conocimiento de esa vida biológica y la tercera sería la del conocimiento de la vida en sí.