Hay pruebas cruciales que demuestran que hay personas cuyas vidas permanecen inalteradas por lo que hacen, ajenas a los posibles efectos de sus propias obras. Esto apunta a que hay un salto drástico entre la dimensión decorativa y la dimensión espiritual del arte. Las obras de arte no son por sí mismas suficientes para producir el salto que nos lleva desde la pureza de las formas a la pureza y la profundidad del sentido. Este hecho tiene consecuencias importantes en el valor social y económico de las obras de arte. Pero tiene un efecto moral aún más grave: el aplanamiento simbólico propio del arte actual nos lleva a situar la experiencia de lo espiritual a través de aproximaciones decorativas, pone lo espiritual en la ambigüedad de la experiencia visual, y no en la profundidad de la misma. La ambigüedad es siempre un resultado inmediato, directo, de la propia imagen. Es algo inmediato, mientras que la profundidad es el resultado de un tejido vital que jamás se nos da de forma inmediata ni actual. Siempre se nos escapa, entre otras razones porque nos refiere a un estado potencial que de manera inevitable involucra y arrastra todas las dimensiones de nuestra vida.

De lo anterior se deduce que:

1. El efecto de las obras depende sobre todo de un azar vital que es ajeno a la obra de arte y al artista mismo. Que las obras de arte se sientan o se entiendan es algo que ni siquiera puede enseñarse, porque la vida misma de cada uno, en su totalidad es el único receptáculo y el único dispositivo generador.

2. Dicho lo anterior, no cabe duda de que hay ciertas interpretaciones de las obras, que provocan lecturas nuevas, que nos sitúan en zonas más profundas. Pero esas interpretaciones difícilmente van a producirse o transmitirse en contextos críticos o didácticos. Se producen y transmiten en la clandestinidad de las conversaciones privadas.

3. Las conversaciones privadas no abarcan solamente a los interlocutores. Hay un contexto de recepción que no es menos clandestino. Una comunidad secreta que no tiene que ver con ningún propósito práctico, sino que es una comunidad en la que se producen procesos de ahondamiento de las cosas. Esta comunidad es intratable en términos políticos.