La hermosura de los pasos lentos, el corazón
mermado y sin raíces, la música que espera
entre los dedos ya fuera de las manos, el umbral
sensato donde al irnos hallamos el último regreso,
la hermosura de la voz sin fuerza, ese camino
que todos recorremos callando, perdiendo
lo que más quisimos ser frente a los ojos
que más nos vieron. Haremos de esta vida
una paciencia incontestable, rodearemos
con la ausencia de los brazos ese cuerpo
nocturno y descuidado cuya intemperie
retumba tormentosa, cruel, cayendo
hacia sí misma como una dulzura
que promete regresar, que jura
bajo los árboles entre sollozos
ser para siempre ella misma
hacia lo que ella misma merece
con humildad y justicia.