Estaba quieto, soy incapaz
de explicar cómo. Pero ese cuerpo
ha dejado de sentir. Aquello
que era una forma de sentir, una repetición
que de repente es innecesaria. Un cuerpo
sometido a pesos objetivos, a esos deseos
que todos sintieron intensamente una vez,
aquellas dulces transmisiones de vida. Ahora
que la materia inerte prevalece y toma ventaja
recuerdo todo como si todo hubiese sido
una piedra. Ahora las formas de amar
son aguas muertas que aún se escurren
entre los huesos. Nunca ya
el corazón late nítidamente
y nunca llegaremos a existir del todo. Debo
reducir mis palabras, hacerlas arena,
debo ser capaz de arrastrarme en ella,
hundirme en ella. Tierra no seremos,
solo sequía. Nunca te dije adiós,
llevo tu cuerpo, lo llevo, como una concavidad
honrada, como se incrusta el aire puro para siempre
en la voz. Así he de dar mil vueltas,
esperar mil años, Y todo volvía,
y las palabras regresaban a las bocas
y volvían a abrirse las puertas. Hace ya
mil años de eso.