El fin de una época nos asalta
sin que hayamos desarrollado la forma
adecuada de pánico. El fin está
en la lógica de lo que nos hace triunfar
y en la alegría. Ver crecer
a los muchachos nos lleva a creer que el mundo
comienza de nuevo. Pero nada ocurre,
en el fin de esta época solo se dispersan
las falsas oportunidades. Grandes acciones,
sin duda, todavía se muestran como ejemplos
de audacia o generosidad. Debemos
expresar en público nuestro elogio, enfatizar
su ejemplaridad para resultar atractivos a nuestras
posibles parejas. A las empresas. Hay premios
que se otorgan regularmente a méritos intermedios. Pero
en el fin de una época nadie defiende
nada más que las imágenes de sus limitaciones. Clara
y pulcramente se sonríe, con la facilidad la inercia
de las situaciones que ni siquiera parecen dudosas,
hasta encontramos en ello una vieja euforia
que nos sorprende. De casa al trabajo experimentamos
un proceso de transformación que aún no entendemos,
pero que sentimos cercano a esa eternidad
que un día intuimos, pero que permanece todavía
vagamente definida entre otros pensamientos
más concretos. La idea del todo en todo
se ha quedado en un montón de palabras
como si ya no hubiese más que signos que remiten
a signos, como si el propio silencio en que caemos
no fuese más que un signo de una muerte
convertida también, en signo de otro signo,
como un simple juego de espejos. Apártate,
el fin de una época no admite correcciones,
no surge como un enjambre de conductos excitados,
no es un tejido de fibras orgánicas ni una retícula
de metal que se plasma, que queda impresa, como un sello
sobre el agua. Nada de metafísica, esta gente no espera más
que pasar un buen rato, reformular su validez social
en términos de algo que entre ellos consideren nuevo,
y cuando, desde el momento en que pagan la cuenta
y se despiden sabiendo que su amistad ha quedado
reducida al tamaño del campo de hechos
que logran abarcar en ese tiempo y por ese precio,
hasta el punto de no creer más en ello, sienten
que necesitarán la esperanza de hacer algo cotidiano,
reconfortante, simple, como tomar una infusión o dar un paseo
por el parque donde los estorninos cantan como de costumbre.